Con motivo de la conmemoración de los 200 años de los primeros intentos de emancipación de los pueblos americanos que han dado lugar a múltiples eventos, este grupo de amigas y escritoras, ha decidido homenajear a las que no escucha que se nombren en los discursos oficiales. Aquellas mujeres, que ni un paso atrás ni uno adelante, sino que juntos, codo a codo con sus maridos, sus amantes, hijos, hermanos, o por convicción, ayudaron a que años después se consiguiera la ansiada independencia. O como dicen los que saben: Sin las mujeres, América nunca hubiera alcanzado su libertad.
Cuando el último de sus camaradas en las Guerras de la Independencia murió, el recuerdo de María Remedios, se perdió, salvo para unos pocos historiadores.

Es verdad, que ella no esperaría otra cosa, cuando sus contemporáneos habían sido tan ingratos.

Concluidos sus servicios, no se la considero digna de entrar a la historia a esa negra testaruda, temeraria, que se jugaba el pellejo con alegría si de defender sus ideales se trataba.
Es que la historiografía argentina no fue pródiga a la hora de reconocer a las mujeres que ayudaron a construir la patria, salvo que se tratara de damas aristocráticas. María Remedios, por el contrario, era pobre, pero tan imbuida por las ideas de mayo, que al mes del pronunciamiento, ya se había apuntado en el Ejército del Norte al que arrastró a hijos y marido.
Combatió en las batallas de Desaguadero, Tucumán, Salta, Vilcapugio y en Ayohuma donde fue herida de bala y cayó prisionera de los realistas. Presa y enferma organizó la fuga de varios oficiales patriotas, pero fue descubierta y castigada.
Por nueve días la azotaron públicamente. Remedios no se rindió, huyó para continuar combatiendo.
Cuando terminó la guerra tenía grado de Capitana y estaba sola en el mundo, todos los suyos habían muerto en las acciones.
Cuenta Carlos Ibarguren, que años después de la Independencia, una anciana encorvada, desdentada, frecuentaba los atrios de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio. Se la veía también en la Plaza de la Victoria ofreciendo pastelitos o tortas fritas, o en ocasiones mendigando por el amor de Dios.
Llegaba de lejos, de la zona donde comenzaban las quintas, por donde tenía un rancho; para asegurarse las sobras de los conventos de las que se alimentaba.
Sin saber porqué, la llamaban “la capitana” y cuando la anciana mostraba sus brazos zurcidos por cicatrices, y contaba que las había recibido en la guerra por la Independencia los que la oían sentían compasión por su senectud y locura.
Así trascurrían inviernos y veranos, hasta que cierto día el general Viamonte, que había sido compañero de armas de Remedios, topó con la anciana.
- Pero si es “la capitana”, “la madre de la Patria”, la misma que nos acompañó al Alto Perú- Se dijo.
La mendiga le contó cuantas veces había golpeado a su puerta en busca de socorro y, como en cada ocasión la habían espantado por pordiosera.
Viamonte, como diputado, solicitó para ella, en septiembre del 27, una pensión por sus servicios en la guerra emancipadora.
El 11 de octubre la Comisión de Peticiones dijo haber “examinado la solicitud de doña María Remedios del Valle por los importantes servicios rendidos a la Patria, pues no tiene absolutamente de que subsistir”. Consideraban la justicia del reclamo pero tenían temas más importantes que atender.
En julio de 1828, Viamonte consiguió que la legislatura volviera a tratar la petición. Algunos diputados objetaron. Entonces tomó la palabra:

Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la conozco aquí; ella pide ahora limosna… Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al Ejército de la Patria desde el año 1810, no hay acción en la que no se haya encontrado en el Perú. Era conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el ejército. Ella es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno además de cicatrices de azotes recibidos de los españoles enemigos, y no se la debe dejar pedir limosna como lo hace

Movido por las palabras de Viamonte, el diputado Silveyra exclamó: “Esta infeliz es una heroína, y si no fuera por su condición de humilde, se habría hecho célebre en todo el mundo
Pese a los alegatos, la diputación se enfrascó en una discusión bizantina: la pensión debía pagarla La Nación o la Provincia?
Indignado, Tomás de Anchorena intervino:

Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del General, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: El General Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejercito; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo”….” Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Sino me engaño el General Belgrano le dio el título de Capitán del Ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer… Una mujer tan singular como esta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y a donde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuanto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda
La sala conmovida le concedió el sueldo correspondiente al grado de Capitán de Infantería.
Remedios jamás cobró su pensión, ya que el ejecutivo sepultó el expediente.
“Entre tanto se donaba al gobernador Dorrego la suma de cien mil pesos en señal de gratitud por los importantes y distinguidos servicios que acababa de prestar a la República (la paz con el Brasil), donativo que fue aceptado por el gobernador, como prueba de la generosidad con que el gran pueblo de Buenos Aires está siempre dispuesto a recompensar aún los más pequeños servicios de sus hijos.”
María Remedios murió en 1847 en la indigencia y el olvido.
Cuando el presidente del Consejo de Educación, Dr. Octavio Pico, leyó el artículo de Ibarguren, se sintió tan conmovido, dió a una calle el nombre de la invencible guerrera.


Podés leer los trabajos sobre mujeres en el bicentenario en:

http://lamiradadeuntero.blogspot.com
http://abril7.blogspot.com/

13 comentarios:

Alyxandria Faderland dijo...

Esta es la heroina del librito famoso que yo por la mitad lo arroje al diablo. entre otras cosas por sus bestiales errores historicos.
Muy bueno el relato de esta persona!

DULCE dijo...

Buen dia Umma!

Vengo de blog en blog maravillada por el trabajo realizado!

Muy bueno tu relato!

... en un punto, todas las heroinas que hemos escogido, tienen un cierto parecido tragico en sus vidas.

No pude comentar en porteniadas, por eso , desde aqui, agradezco que te hayas sumado a este proyecto en comùn.

Un abrazo y nos estamos leyendo
Dulce

Alyxandria Faderland dijo...

Magnifico es escrito de las soldaderas en Porteñadas, ese ejercito de mujeres anonimas, que tanto hicieron y que en el mejor de los casos, se las recuerda como putas, aunque eran fieles a su hombre a muerte y no dudaban en arriesgar su vida por ellos.
Bravo por rescatar a estas heroinas anonimas de tanto olvido y tanta falta de respeto.

Umma1 dijo...

Hola Alejandra:

Trabajarla decentemente, conozco a un par de historiadores, Udaonde y por supuesto a Carlos Ibarguren, que la sacó, allá por los 30 y pico, de las penumbras.

María Remedios Valle, tan grande como la Azurduy, pero no tuvo la suerte de que le cantara la Negra Sosa.

Y por otra parte, el color de su piel. El ser negra, pesó a la hora de las torturas que recibió de los realistas, y también pesó cuando de darle una pensión se trataba.

Creo, que María Remedios, mercería un monumento que la reverencie.

Umma1 dijo...

Muchísimas gracias por pasar, DULCE.

Estas heroínas tuvieron un destino parecido, sufrieron la ingratitud de sus contemporáneos.

Y la ingratitud es el peor defecto que una persona puede tener.

Umma1 dijo...

ALYXANDRIA.

Muchas gracias.

Muchas de ellas fueron putas, como en toda fuerza femenina que sigue a un ejército, las siempre remanidas cuarteleras.

Pero, a la hora de la acción todas hicieron lo mismo, ayudar.

Abril Lech dijo...

Hola Umma!!!

¡Es verdad Uma!!! Yo ni lo vi antes, ni te linkié porque no encontré tu artículo, perdón!

Qué lastima que en vez de mandarme un mensajito o mencionarlo en mi Blog lo hiciste notar de una manera tan poco amable en el de Alyx, lo mío fue totalmente involuntario, sin maldad alguna. De puro dispersa con demasiado trabajo nomás...

Ahora me falta leerlo. Y eso lo voy a hacer con tranquilidad. Me vuelvo primero a corregir mi entrada y agregar tu link.

Un beso grande!!!

Umma1 dijo...

ABRIL:

Que te diga Alejandra si soy o no amable.


Y no se trata de la elegancia del mensajito... en estas cuestiones hay antecedentes y consecuentes, no invirtamos el orden de las cosas.

No está el punto en mi mensaje, sino en la desconsideración de quienes no me linkearon, cuando mis enlaces estaban presentes en tantos y tantos mailes como se cruzaron.

DULCE dijo...

Hola Umma!

No imaginas lo que significa para mi que una historiadora de tu talla haya elogiado mi post!

Te agradezco de verdad por pasar por mi humilde rinconcito.

Nada mas agrego, no me gusta entrar en internas que desconozco.

Que pases un excelente fin de semana.

Nos estamos leyendo!

Dulce

...flor deshilvanada dijo...

Hola Umma1, yo también debo disculparme por el error, se me mezcló Umma y Ana (no me di cuenta que eras la misma) te pido disculpas, mi cabeza está en tantas cosas y obligaciones que me perdí...

Tomamos a la misma heroína, impecable tu texto, digno de una historiadora.

Saluditos, que pases bien el finde!

Pamela dijo...

Impresionante la historia de Remedios, me he sufrido todo el relato, qué impotencia, y como bien dices, no tuvo la suerte de que la cantara Mercedes. Mis respetos por los dos grandes trabajos, el de las Soldaderas me pareció muy bueno también, pero no se puede dejar comentarios. Un abrazote y feliz de haber compartido esta locura

Clarice Baricco dijo...

Muy bien muchachitas. Un placer su grupo y que me sigan instruyendo. Me ha parecido interesante.


Abrazos.

Gabriela Lorusso dijo...

yo soy actriz y dramaturga de la ciudad de Mercedes, Bs. As.
tengo una obra sobre María Remedios del Valle en la que interpreto las reflexiones de esta mujer sobre la guerra, el amor, Dios, Belgrano…
hago funciones en teatros, municipalidades, escuelas…
si a alguien le interesa puede contactarse conmigo a mi correo.
está hecha con muchísimo amor por este maravilloso personaje y con ganas de que muchos quieran conocer su historia.

gabrielalorusso@hotmail.com