La gente se volcaba a los embarcaderos
-¿Hacemos un paseo en catamarán?- Propuse, sonriendo a la algarabía de los que se embarcaban.
- Pss ¿Para qué? un hora recorriendo canales que ya hemos visto....-
- Bueno...- me quedé mirando la gente acomodarse en la plataforma superior.
- Mejor almorzamos. -
-Si.-

Un restaurante seguía al otro con sus mesas en las veredas a las que llegaba la brisa del río.
-Este me gusta- Dije contenta. Las sombrillas blancas parecían inclinarse sobre los tiestos atestados de azaleas.
- A mí no. Las mesas están muy encimadas.-
- ¿Este?-
- No, cocinan solamente pescados. Mejor vamos hasta el museo y regresamos.-
- OK.-


Cuando volvimos no había mesa desocupada. Mis tripas aullaban. De pronto, ¡Oh milagro!: una pizzería con una mesita bajo una sombrilla roja. Nos sentamos, mi estómago se regocijó.
La camarera se demoraba, él se dedicó a observar los restos de pizza en las mesas de alrededor.
- No parece muy buena.- Dijo respingando la nariz como si oliese mal.
- No pasa nada. Tomamos una buena cerveza con una pizza regular.- Intenté conciliadora.
- Si pasa, a mí sí me importa la pizza.- Recalcó, el " a mí sí", como si redactáramos el acta fundacional de algún país.
Tamborilee los dedos sobre la mesa.
- Pero si la cosa era comer buena pizza nos quedábamos en Buenos Aires.- pensé, no lo dije, me lo tragué.
Continuamos sentados, esperando un servicio que no llegaba. Tres veces más repitió, con remilgos, que la pizza tenía mala pinta, mientras estiraba el cuello como el inspector Gadget, husmeando en los alrededores.


Harta, le tiré la cuerda que satisficiera su deseo
- ¿Preferís ir a otro lado?- Ya estaba de pie y marchándose.
Recorrimos toda la costa de un lado y del otro, ni un restaurante que no desbordara.
Entonces, me encaminé al auto
- Mejor vamos a casa.-
- ¿Porqué?- Preguntó asombrado y fresco como una lechuga.
- Porque se me aguó el paso.- Gruñí.


Él, resignado, asintió. Me abrió la puerta con cara de pensar: "mujeres". Subió en silencio, puso el coche en marcha, convencido de que con las histéricas no se puede.

15 comentarios:

amelche dijo...

¡Lo que hay que aguantar!

Unquestionably Multifaceted dijo...

Hola! Que complicado! Ni pasear en barco, que las mesas del restaurante, que solo pescado, que no le parecia la pizza. Por Dios, y que era lo que queria?!

la inkilina dijo...

Hiciste bien para casa!!
unos huevos fritos y todo en paz

Saludos vecina

Adolfo Calatayu dijo...

No sé si con lo fritos se arriba a la paz,lo que sí sé es que es una batilucha querida Umma...
A veces somos tan estúpidos...
Un cálido abrazo amiguitus.

Oso conocido dijo...

Nosotros también padecemos de "gataflorismo" querida Anna!!!

...creemos que la tenemos re-clara y
somos unos "nabos" de aquellos!

La saludo atentamente!!!

Oso

TICTAC dijo...

jajajaja...fantastico! parece un comics, un episodio de Sex & The City o un capitulo de Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus...pero es nuestra realidad para que luego nos divertamos a negociar la paz, ya que sin ella nos aburrimos ;-)

!!Hola Umma!!
te dejo un abrazo.

Cornelivs dijo...

Desde luego...hay que ver que sumamente distintos, diferentes y hasta opuestos son los hombres y las mujeres. Esta historia narra muy expresivamente esos matices que conforman la actitud de cada sexo ante un hecho cotidiano como una pizza.

No sois histericas, no, ni muchisimo menos. Las mujeres, en mi opinión, son la cosa mas bonita y mas linda que Dios ha creado.

Muy buen post.

UN ABRAZO.

fgiucich dijo...

La verdad, como verdadera, te digo que con la comida no te hubiera hecho ningùn tipo de problemas. Historias de la vida real; es que no sòlo las mujeres son histèricas, por favor!!! (Je, je) Abrazos.

Susymon dijo...

Lo mejor es juntarse DOS HISTÉRICAS y salir a comer tranquis donde nos ataque el antojo...jajaja.
Un abrazo!

malena dijo...

ajajajaja!! Tal cual! Yo trabajo con 4 varones y son unas p%tas finas!
Un besito.

Isabel Romana dijo...

Muy divertido, umma. Creo que yo me hubiera arrojado a su cuello y le hubiera mordido la yugular. ¡No soporto para nada el pasar hambre...! Besitos histéricos.

austerlitz50 dijo...

Me encanta el diseño de tu página,especialmente a foto de entrada.

Celia dijo...

La paciencia es una virtud que escasea cuando uno tiene hambre... La tuya no tiene límites. Me ha encantado. Gracias por un texto tan fresco...

Besos

Silvia dijo...

HOLA!ME ENCANTO EL RELATO...HAS TENIDO BASTANTE PACIENCIA..YO COMO BUENA ARIANA ..NI LA MITAD ...JUAJUA...
CARIÑOS.
SILVIA CLOUD

intelligence dijo...

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