Inmigrantes europeos arriban al Puerto de Buenos Aires
Ayer, el algoritmo de Youtube, saltó de los temas que me interesan - la evolución del urbanismo en Roma, cine de calidad, prehistoria - a recomendarme videos sobre la enemistad entre españoles y argentinos y, las defensas con las que los extranjeros residentes en éste país de América, salieron y salen a responder.
Me pregunto como llegamos a esto. No es algo nuevo, se gesta vaya una a saber desde cuando.
Lo digo, porque me tocó de cerca y me costó una amistad, que llevaba casi dos décadas de permanencia.
Creo que la discriminación es un buen ejemplo de un sentimiento que consideraría propio de la ignorancia, que ataca sin conocer a quien se dirige, alguien, pero no es así, los conceptos que forman la mirada social de un individuo, prescinden de su formación intelectual , aún de los postulados ideológicos que dice defender, curiosamente los que alza como bandera.
He vivido la expresión de la discriminación, a través de los comentarios, que fue haciendo una amiga española, desde el momento en que a su edificio, se mudó una matrimonio argentino con hijos. Cuándo me dijo por primera vez, charlando por Telegram, como lo hacíamos a diario, le contesté con ingenuidad, -Mirá vos... De dónde son? -
No lo sabía, ella no había hablado con "ésta gente" y por lo que entendí, tampoco los vecinos.
Todos los días comentaba algo, estaba francamente asustada, como si se le hubieran mudado caníbales al edificio.
A lo largo de los años, le había comentado encuentros con españoles, que encontraba en la actividad académica, o en mi barrio, gente joven que se instalaba. Nunca me asustaron, obviamente.
Creo que a causa de la antiguedad de nuestra amistad en los que habíamos compartido las alternativas de nuestras vidas, o por su susto, ella no reparó que esas personas que la tanto la perturbaban, gente que posiblemente tuviera ciudadanía española, eran mis compatriotas.
El fin de la amistad llegó un día en que había un partido importante de fútbol, como era argentinos y, se había enterado que habían invitado a otros "argentinos" a la casa, estaba preocupada, en alerta.
Yo no veía el motivo, soy argentina, no toda esta nación es futbolera, no lo era mi padre, ni mi marido que en 41 años que llevamos juntos fue una sola vez a una cancha o estadio, para llevar a nuestro hijo a que viera un partido, a un club pequeño, muy tranquilo y familiar. Mi retoño, ya que estamos, ni siquiera mira los partidos de los mundiales y como él millones.
Así que a sus inquietudes, le respondí:
- Quedate tranquila lo peor que puede pasar, es que griten un gol.- Y muy suelta de cuerpo me respondió que con "esa gente" no se podía estar tranquila.
"Esa gente", que hasta ese momento no había dicho u hecho nada fuera de lugar.
La desconfianza la generaba su nacionalidad, ser Argentinos...
Reflexioné en la grosería de esa expresión y en la profunda discriminación que manchaba su intelecto, es una mujer muy culta.
No puedo ser amiga de un discriminador. Soy nieta de inmigrantes, cuando trabajé en el exterior, fui inmigrante; lo soy en Roma aunque sea ciudadana, hable italiano fluidamente y, vaya una a saber la razón, tenga acento romano.
Independientemente de como me involucró, marca una lectura que tiene historia.
Qué momento tan especial de Occidente, han aflorado l0s peores sentimientos, odios tribales, la rueda de la historia, parece girar en sentido contrario, provoca tristeza, provoca miedo.

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